Decoración / Vida y estilo
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Terre de fer

La terre de fer (barro cocido) es el nombre comercial con el que se designa a una cerámica de barro, cercana a la porcelana, en la que se mezclan barro arcilloso, silicato de alúmina, sílice cristalina (arena cuarzosa) y feldespato (que favorece la formación del cemento vítreo durante la cocción o conchura).

La cerámica de terre de fer comenzó a elaborarse en Francia alrededor de 1775, pero realmente alcanzó su época de mayor esplendor aproximadamente en 1901.

Las principales manufacturas de terre de fer se encontraban en el norte ( Saint-Amand, Orchies, Hamage) en la región de París (fábricas de loza de Creil, Montereau, Choisy-le-King) y en la zona oriental (loza de Sarreguemines y  Clairefontaine).

El origen de la loza podría provenir de Italia y datar de la década de 1550 aunque hay diversas opiniones al respecto y si las desarrollamos no acabaremos nunca esta entrada.

Desde el siglo X los árabes elaboraban en España piezas de alfarería cubiertas con barniz de plomo que posteriormente sustituyeron por un esmalte blanco y opaco. Este barniz ocultaba el tono amarillento de la arcilla.

Cuando los pisanos conquistaron las Islas Baleares, encontraron en Mallorca cerámica árabe de loza de estaño. Estas piezas se llevaron a  Italia para ser imitadas. Luca Della Robbia (1338-1450) hizo con maiolica verdaderas obras de arte: tanto por la belleza de sus esmaltes como por la excelencia los modelos. Si visitáis Florencia (cuando nos dejen) no dejéis perder la oportunidad de contemplar su Virgen en el Trono (en blanco y azul) en la Capilla Medici de la Iglesia de Santa Croce.

Con el nombre de maiolica (por Mallorca) se denomina todavía en Italia a la loza. (Me está susurrando la jefa que ya que siempre barremos para casa deberíamos empezar a pedir subvenciones).

La loza tuvo un gran desarrollo en Italia y las fábricas de Urbino, Gubbio, Casteldurante y Vizarro se hicieron muy populares. La ciudad de Romangole Faenza fue un gran centro de producción que abasteció a casi todos los países extranjeros.

La loza en Francia se introdujo en la Provenza, en el pueblo de Moustiers en 1705 donde se fundó la primera manufactura que era propiedad de Nicolas Desmoutiers. En 1709 se instala una segunda fábrica que estaba regida por miembros de la familia Fauquez.

Posteriormente en la comuna de Saint-Amand-les-Eaux (situada en la región de Norte-Paso de Calais, a unos trece kilómetros de Valenciennes) que fue elegida por su río (que facilitaba el transporte de los materiales) y por sus bosques (que proporcionaban leña a los hornos) se instalaron: la manufactura Ceranord, popularmente conocida como Le Marroc y otras factorías que pertenecían a la manufactura de Moulin des Loups. Una de las factorías se denominaba La Carrotierre que producía baldosas de barro y la segunda llamada La Vieille que producía vajillas.

Y de la factoría Moulin de Loups en Saint-Amand ha llegado a manos de Constance esta vajilla modelo Marie Louise de fondo blanco y flores en tonos verdes que, por el craquelado del esmalte, podemos datar de los años cuarenta del siglo XX, aunque es difícil de especificar. Moulin de Loups cerró sus puertas en el año 1962. Dice Constance, muy compungida, que en su lugar hay un supermercado y que deje de enrollarme de una vez por todas y empiece a enseñar las mesas que con tanto esfuerzo hemos pensado vestido y fotografiado:

Abrimos la galería con una mesa sin mantel (una mesa de amasar mallorquina de madera muy ruda que contrasta con el fondo blanco de estos platos) y la hemos acompañado de servilletas de lino bordadas. Hemos elegido una cubertería de plata que debe rondar más de cien años (está muy gastada) y adornado con ranúnculos asiáticos en dos tonalidades de rosa y hojas verdes.

A continuación la misma versión utilizando servilletas de lino verde :

Un sólo servicio con bajoplato de fibras naturales y una toalla antigua de drap a modo de servilleta:

Vamos a subir el color a base roba de llengües (mallorquinas) en verdes y blancos e individuales de rafia en rojo. Esta sopera, últimamente, nos está dando mucho juego:

Pano cenital/diagonal de la misma mesa. Torcer la mesa en fotografía a Constance le chifla. Esta vez no hemos un utilizado la mesa del comedor sino una mesa más pequeña. Me hace gracia la obsesión que tiene ella con la disposición de los cubiertos. Lo peor que le puede pasar es que se le tuerzan y se le tuercen, ya lo creo. Es muy habitual verla coger la escalera más alta de la casa para analizar «su obra en perspectiva» y cuando está en lo alto enfocando la mesa, de repente, el cuchillo del servicio de la izquierda aparece un poco ladeado. Entonces vuelve a bajar lo coloca y vuelve a subir:

A continuación otra mesa en rosas y verdes con los tulipanes, caprichosos ellos, que siempre miran hacia la luz y cambian constantemente de postura. Es curioso, pero esta mesa, diría yo, que es una de las mesas más desenfadadas que ha puesto Constance.

Eso de no controlar la posición de las flores, de utilizar jarrones a diferentes alturas y de arriesgarse a colocar las vinagreras en la mesa a modo de jarrón (dicen las normas de protocolo que no se deben poner nunca las vinagreras en la mesa) es inaudito en ella. «Una vez que conoces las normas, puedes atreverte a romperlas» . . . dice ella, más chula que nunca :

Y continuamos con una serie de fotografías de las tres mesas que hemos colocado de forma aleatoria:

Constance se queja mucho últimamente, dice que está agotada, que no puede con todo y que necesita un mayordomo como el de su admirada Carolyne Roehm que sale monísima en sus vídeos colocando los centros rebosantes de dalias, pero las mesas se las coloca el mayordomo. Yo le digo que, de momento, la cosa está muy mal y que tendrá que conformarse conmigo. Seremos la versión cutre de la Roehm. Además, no creo que un mayordomo la soportara más de una semana:

Y por último os dejamos una última mesa a modo de cajón desastre ya con menos luz en la puesta de sol. Fotografiar mesas es una carrera a contrarreloj para no perder la luz natural y que esa luz natural sea la adecuada. Es complicado: a veces tenemos exceso de luz y en otras ocasiones tenemos que ayudarnos de luz artificial.

No nos vamos a despedir sin dar previamente las gracias a Bea de Voiladecoshop por enviarnos estos platos, que van a seguir «contando historias alrededor de una mesa» de una forma tan especial, tan personal y con tanto cariño, más aun, en estos tiempos de tanta inmediatez y falta de comunicación.

Y a vosotros queridos lectores, os deseamos lo mejor, esperamos que este post (que, si bien es mejorable porque aun nos queda mucho por aprender) os haya gustado y nos vemos en la próxima entrada.

Si os ha gustado la entrada y os apetece, os damos las gracias por compartir.

Ah, y hoy no me voy sin poner eso que me gusta tanto poner cuando creamos contenido propio:

Todas las fotografías

Laura Ferragut para All that is chic


Este artículo tiene 2 comentarios

  1. Rosa Jordá

    Qué delicia de post .

    Informativo , entretenido , con un toque de humor -que se agradece en estos tiempos – y con un contenido realmente bonito y vivificante .

    Muchas gracias .

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